Mientras 179 países negocian en Ginebra un tratado mundial contra la polución plástica —fase decisiva del 5 al 14 de agosto—, Guatemala llega a la mesa con uno de los ríos más cargados de polímeros del planeta: Las Vacas. La corriente vierte en el Motagua, que desemboca en el Caribe. The Ocean Cleanup estima que ese aporte puede ser cerca del 2 % de los plásticos fluviales que llegan a los océanos. El PNUMA advierte que, sin acuerdo, los residuos se triplicarán hacia 2060.
El viceministro de Ambiente, Edwin Castellanos, describe un problema histórico: “La mentalidad del guatemalteco piensa que la basura es algo que se tira para que ya no se vea”. Barrancos y quebradas se usaron como basurero. Un proyecto del PNUD en la cuenca del Motagua señala que el 88,32 % de los basureros del país son ilegales. Los dos vertederos municipales están dentro de la ciudad; el de la Zona 3, en laderas pronunciadas, suelta basura con las lluvias. Falta gobernanza: las autoridades no coinciden en si esos sitios explican el desastre.

Hacia el norte, Las Vacas arrastra en promedio el 60 % de la basura y las aguas residuales de más de tres millones de capitalinos. No hay vida acuática: hay toneladas de plástico rumbo al Golfo de Honduras.
En San Antonio Las Flores, Luciana Ruch, de 67 años, “chatarrea” desde hace 28: unos 60 kilos al día, unos 14 euros. Recuerda peces y niños con anzuelo. Ahora el río crecido trae animales muertos y, dicen las familias, cadáveres. Sebastiana Xocoxic dejó la orilla hace 16 años, cuando la presa subió y casi se lleva a su hijo. Hoy clasifica residuos para The Ocean Cleanup: PET, plástico de alta densidad, chatarra; unos 200 euros al mes. “Somos más mujeres, porque a los hombres no les gusta”.

Las fotos de Caroline Power en Honduras (2017) empujaron a Boyan Slat a investigar. La ONG estimó 20.000 toneladas de plástico del Motagua al Atlántico y en 2022 lo llamó el río de plástico más contaminante del mundo. El Interceptor 006, de 57 metros en Las Vacas, detiene —dice Guillermo Sosa— hasta 250 camionadas en un aguacero. Han retenido cerca del 90 % de lo que arrastra el río: 8.761 toneladas en 2024. En agosto de 2025 ya igualaban esa cifra, alertó Barbara Manon Derks.
El plástico usable se recicla; el degradado vuelve al basurero de la Zona 3 y puede regresar al agua. El tratado de Ginebra y la limpieza fluvial no cierran el círculo si no hay educación, relleno controlado y reglas que detengan el plástico en origen.
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